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Investigan nuevas terapias para atacar la candidiasis vaginal

Estudiante de doctorado Cecilia Tapia

Estudiante de doctorado está trabajando en la evaluación de un compuesto antimicótico que inhiba y elimine al hongo que produce la infección

Se calcula que el 75% de las mujeres adultas han tenido en su vida al menos una infección genital producida por un hongo llamado Candida, el cual se localiza en la vulva y vagina. En algunos casos estas infecciones son recurrentes y muy molestas, ya que producen un flujo espeso, grumoso y que puede provocar picazón, ardor e inflamación.

El principal responsable de la candidiasis vaginal es un tipo de levadura conocida como Candida, siendo la especie más frecuentemente aislada la Candida albicans, que forma parte de la microbiota o flora corporal (es un hongo comensal), que se encuentra presente en forma asintomática en un porcentaje significativo de las mujeres.

El problema se produce cuando hay un desequilibrio entre los microorganismos que habitan en la vagina, debido a un deterioro en el sistema inmunológico,  lo que permite que Candida albicans aumente y cobre fuerza. Esto puede ocurrir por el uso de antibióticos, el embarazo, la diabetes y el empleo de ciertos jabones, entre otras causas.

"Es un problema bastante molesto al que se le da poca importancia porque se lo considera una infección superficial, por ello decidimos estudiar más en detalle esta infección y la aplicación de los antifúngicos para combatirla", explica la doctora Cecilia Tapia, académica del Programa de Microbiología y Micología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la U. de Chile.

Ya que la doctora Tapia está culminando su Doctorado en Ciencias Biomédicas, que cursa en la Escuela de Posgrado de la Facultad de Medicina, decidió hacer como tesis de grado una investigación pionera sobre el efecto de las drogas antifúngicas en poblaciones clonales de Candida albicans.

Para ello estudió a 30 mujeres embarazadas que tenían candidiasis vaginal y 30 que no presentaban el problema. "Nuestra hipótesis de trabajo fue que el clotrimazol, un antifúngico que se aplica en óvulos, generarían en los hongos una mayor resistencia al medicamento, es decir, aumentaría la Concentración Inhibitoria Mínima al antifúngico (CIM), que es lo que nos permite medir la sensibilidad a la droga", señala la doctora Tapia.

Y, además, la investigadora supuso que se reducirían los genotipos de Candida hasta quedar seleccionados los más resistentes lo que, a la larga, produciría una recurrencia de la infección. Esto la llevó a analizar individualmente la CIM de varias colonias antes y después del tratamiento, lo que implicó varios meses de trabajo.

Primer hallazgo
"Lo primero que detectamos fue que aproximadamente el 30% de las pacientes que habían sido tratadas por candidiasis vaginal en realidad no tenían el hongo. Esto ocurre porque frente a los síntomas, que son tan característicos, muchos profesionales deciden no tomar las muestras de cultivo correspondientes y simplemente recetan el clotrimazol,", comentó la doctora Tapia.

Esto redunda en que la persona que tiene otra fuente de infección genere mayor resistencia a los antifúngicos en las levaduras comensales favoreciendo, en algunos casos, la aparición de especies que son más difíciles de manejar, es decir, que no responden apropiadamente a los antimicóticos disponibles en el mercado, como Candida glabrata o Candida krusei.

"Esto es muy importante y nos alerta frente a lo que está ocurriendo porque, ya sea en la atención primaria o en el área clínica, privada o pública, siempre debe hacerse un examen de cultivo antes de aplicar un fármaco", comenta la doctora Tapia.

El segundo hallazgo de la investigadora fue que la concentración inhibitoria mínima para Candida albicans no aumentaba según lo esperado tras aplicar el tratamiento. "Esto nos dejó sorprendidos porque estábamos seguros que encontraríamos algún grado de aumento en la CIM", dice.

Además, la diversidad genética tampoco se estrechó, esto es, seguía habiendo muchas poblaciones de hongos que sobrevivían a la droga. "Para ver qué pasaba in Vitro sometimos a los genotipos de hongos a competir aplicándoles distintas concentraciones del antimicótico y, si bien logramos que aumentara la resistencia o sensibilidad a la droga, los hongos que sobrevivían debían adaptarse a las nuevas condiciones con gran dificultad y con un costo de viabilidad muy alto", apunta.

En otras palabras, aumentar la concentración inhibitoria mínima era muy riesgoso para el hongo. "Lo más probable es que el aumento significativo del CIM resulta en cambios genómicos importantes, pudiendo afectar su viabilidad. Por otra parte, la diversificación de los genotipos le permitiría tener una mayor probabilidad de adaptarse al antifúngico y así sobrevivir", explica.

Tratamiento mixto
Una vez conocidos los resultados de sus estudios la doctora Tapia plantea que, ya que las colonias de Candida que van a subsistir después del tratamiento son las mejor adaptadas, tal vez lo más adecuado sería aplicar un antimicótico que no sólo inhiba al hongo sino que también lo elimine o reduzca al máximo durante el episodio infeccioso, para evitar que poblaciones residuales generen resistencia o adquieran mecanismos adaptativos a estas drogas.

"Hay que entender que la Candida albicans es parte de nuestra microbiota así que es difícil eliminarla completamente pero, en ciertos casos, cuando la persona va a producir infecciones recurrentes, esto es, más de cuatro al año, lo más adecuado sería aplicar un tratamiento mixto", apunta.

Y para saber a quién hay que darle este antimicótico doblemente reforzado la doctora Tapia, junto con otros investigadores, está trabajando en diseñar un test de screening para predecir si la cepa responderá o no al tratamiento tradicional antes de aplicar la droga.

"Esto nos tiene muy entusiasmados porque podríamos generar un método predictor para las pacientes y, eventualmente, estaríamos en condiciones de desarrollar nuevas drogas que combinadas con antifúngicos evitarían la adaptación del hongo a estos últimos, para lo cual estamos pensando en emplear productos naturales", adelanta la doctora Tapia.

Y todo esto, explica, es posible gracias a la investigación: "Estamos aprendiendo cuáles son los mecanismos que emplean los hongos y, gracias a nuestros estudios, inéditos en el mundo, ahora ya sabemos que las drogas azoles (como el clotrimazol) aumentan la diversificación y no necesariamente la CIM", concluye.

Más informaciones:
Cecilia Coddou
ccoddou@uchile.cl

 

 
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